




"En un mundo como el nuestro, que desprestigia la maternidad y la crianza, parece que el cuidado de los bebés y niños es un hecho anecdótico y aislado en la historia de la persona, que no tiene influencia más allá de la infancia, y por supuesto ninguna relación con la sociedad.
Vivimos como si funcionase así porque actualmente predomina una crianza mecanizada: de biberón en vez de lactancia, de chupete en vez de consuelo, brazos o teta, de guarderías en vez de madre, de cunas alejadas de la habitación de los padres, de muñecos que imitan el latido cardiaco, de hamacas y columpios varios, de cámaras para vigilar al bebé en la distancia, de CDs de nanas o susurros, etc.
Sin embargo, la crianza sí influye en la edad adulta y por tanto en toda la vida de la persona, y sí determina el cómo es la sociedad. Y sus consecuencias son de tal envergadura y profundidad que llegan a explicar el grado de violencia que vive cada cultura.
A pesar de otro tipo de factores como genéticos, económicos, etc. la variable que mejor define el nivel de equilibrio emocional de una sociedad es el tipo de cuidado que dispensa a sus niños y a las personas de quien depende, su familia. Y nos encontramos entonces con 2 grandes grupos de modelos de crianza y de vida: violentos o pacíficos.
La diferencia entre ellos radica en el tipo de parto, la separación temprana madre-bebé, la existencia de lactancia prolongada o no, el respeto a las necesidades de los niños de día y de noche, el contacto piel con piel que se establece, el número de adultos-cuidadores por niño, la rapidez de respuesta ante el llanto,… y en definitiva, en si existe una crianza de apego o desapego.
Los pueblos poco afectivos con sus crías y con poco contacto piel con piel presenta altos niveles de violencia en la edad adulta. Sin embargo la agresividad es casi nula entre los pueblos que mantienen un contacto muy estrecho y continúo con sus hijos.
Los antropología han constatado este hecho innumerables veces, pero, por si quedaba alguna duda, la moderna psiconeuroendocrinología también lo ha confirmado y justificado: a menor contacto con un bebé, menos protegido y más temeroso se siente y más adrenalina segrega su cerebro. En cambio, a más afecto, contacto y amor, más se activan los circuitos cerebrales de la serotonina.
Teniendo en cuanta la plasticidad cerebral de los primeros años de vida, y cómo las experiencias modelan la arquitectura neuronal y la personalidad del adulto, el predominio de una u otra hormona crea individuos distintos. El contacto físico y emocional constante con la madre (la primera fuente de amor) es lo que asienta los sistemas cerebrales del placer y crea personas seguras, confiadas y amorosas. Cuando el niño no recibe el afecto que necesita se crea una cultura basada en el egocentrismo, la violencia y el autoritarismo.
Cada autor lo ha nombrado de forma diferente: desamparo aprendido, indefensión, aprendizaje de la impotencia, desesperanza, sumisión, … pero en el fondo todo es lo mismo: sufrimiento y resignación, que determinan una actitud fría hacia el mundo y hacia los demás y que sólo en determinadas circunstancias pueden ser revertidos.
Podríamos creer que todas estas teorías de las hormonas y el apego sólo funcionan con tribus remotas y no en una sociedad con mp3, cirugía estética, hipoteca y rayo láser. Pero no es así.
Esa adrenalina y agresividad nos define también a nosotros y explica el grado de devastación al que hemos sometido a la Naturaleza, el injusto orden internacional, las cifras de miseria y hambre, y la violencia entre los países y en el seno de las propias familias.
¿Cómo hemos llegado a esto? Aunque las explicaciones son múltiples, la más potente y brillante (para el sistema) ha sido perturbar la relación madre-hijo que la naturaleza ha previsto para velar por el desarrollo físico, emocional, intelectual y social de una persona.
Atacando el apego desde la raíz se consiguen ciudadanos vulnerables, siempre necesitados y anhelantes de algo más, desorientados, sumisos y dependientes de una sociedad consumista y devoradora.
Pero para lograr una ruptura tan radical se necesita un engranaje de diferentes actores que consigan cegar totalmente el juicio y el instinto de las madres. Lo consiguieron. Y estas son mis 15 acusaciones:
1. Acuso a la industria farmacéutica de haber convertido todos los procesos naturales de la mujer en enfermedades tremendamente rentables: menstruación, anticoncepción, embarazo, parto, lactancia, crianza y menopausia.
2. Acuso a la píldora anticonceptiva (y todos los productos hormonales en general en mujeres sanas) de haber alterado totalmente nuestro delicado equilibrio endocrino y de robarnos los mensajes intuitivos que llegan del inconsciente con las diferentes fases del ciclo menstrual femenino, por la relación entre ovarios, determinadas hormonas y actividades de hemisferios cerebrales. Este es uno de lo problemas de base sorprendentemente ocultado. Las mujeres no se desconectan en el parto de sí mismas por primera vez, sino que llevan años desvinculadas de la sabiduría femenina ancestral y más unidas a un laboratorio que a su propio cuerpo.
3. Acuso al negocio de la fecundación artificial de aprovecharse de las mujeres desesperadas por concebir y someterlas a dolorosos, caros y largos procesos, en vez de analizar las causas verdaderas (y subsanables) del fracaso en los embarazos, y que nos obligarían a replantearnos el ritmo y el estilo de vida que llevamos a todos los niveles.
4. Acuso a la industria de la alimentación de su macabra y eficaz estrategia para convencer a medio siglo de mujeres y conseguir que la leche de un animal (cuyo cerebro es mucho menor que el humano) tratada químicamente, suministrada en plástico, y por manos frías, muchas veces, haya suplido al calor, amor y el milagro de una teta blandita. Este triunfo económico ha significado una condena a muerte a millones de niños en países poco desarrollados, y alto riesgo de enfermedades, menos nivel cognitivo y desapego en los países ricos. Ausencia de lactancia significa ausencia de oxitocina y menos enamoramiento madre-hijo, y a partir de aquí una larga cadena de conductas artificiales.
5. Acuso al sistema obstétrico de haber convertido la normalidad del parto en patología, de haberlo medicalizado hasta el delirio de 50% de cesáreas en algunos países, de no haber respetado la extrema fragilidad del recién nacido y de haber convertido el sagrado acto del nacimiento en una mera extracción y manipulación de bebés.
6. Acuso a los pediatras de haber confundido sus creencias y prejuicios con la verdadera ciencia, de haber frustrado millones de potenciales lactancias exitosas con falsas normas, de haber convertido en enfermedad una pauta de sueño mamífera y de anteponer sus criterios a las recomendaciones de la OMS.
7. Acuso a los neurólogos y psiquiatras de sobre-diagnosticar la hiperactividad, y de drogar y anular a una generación de niños (a pesar de los constatados y denunciados efectos secundarios) con Ritaline/Rubifren: la cocaína pediátrica
8. Acuso a los psicólogos de medrar a costa de todos los errores del sistema en crianza, de no hacer honor a su nombre (psiqué=alma), de crear teorías que han justificado la continua domesticación de los niños anulando el leve instinto materno que quedaba (sobreprotección, falta de límites, permisividad por consentir demasiado, malcriar, etc.), y de haber inventado una falsa socialización temprana que no existe hasta mucho más tarde ( 6-7 años cuando queda establecida la lateralidad cerebral).
9. Acuso a los falsos gurús de crianza: Spock/Ferber/Valman/Estivill y secuaces conductistas de hacer apología de métodos de socio-tortura y vender insensibilidad, crueldad y falta de respeto hacia los niños. Si hubiese un Tribunal de la Haya Emocional, todos estos personajes habrían sido condenados por sufrimiento a la Humanidad.
10. Acuso a las feministas clásicas de haber mutilado a las mujeres humillando nuestra feminidad y maternidad, y de haber vendido a nuestros hijos por una falsa liberación que simplemente fue un cambio de lugar de opresión, y que perpetuó y potenció el sistema y los valores dominantes: masculinidad, competencia, depredación, jerarquía. Nunca hubo ninguna revolución social, sino un continuismo con otra cara. Sí es compatible el trabajo y la crianza, pero para eso hay que transformar el sistema y no abducirnos a nosotras y abandonar a las criaturas.
11. Acuso a las revistas femeninas de fomentar modelos de mujeres descerebradas, consumistas, siliconadas, hipersexuales que cuando tienen hijos se convierten en madres virtuales que atienden por control remoto a sus criaturas a golpe de Visa y continúan con su estresante vida sin inmutarse ni un tacón.
12. Acuso al sistema educativo de precocidad, de tener planes obsoletos que no responden a las verdaderas necesidades de aprendizaje a través del juego y la libertad de expresión, de fomentar la sumisión y obediencia e impedir los procesos de pensamiento independiente y creativos que permiten encontrar el propio camino en la vida .
13. Acuso a toda la sociedad de ser adultocentrista y haber excluido a los bebés y niños de la vida diaria, de infravalorar la maternidad y crianza considerándolo una pérdida del talento de la mujer pero sí valorar a ésta como productora dentro del sistema económico (ni como reproductora ni como cuidadora).
14. Acuso al estado de Bienestar de haber secuestrado la vida de los bebés encerrándolos en guarderías tempranas que se convierten así en una especie de “orfanatos de día” bien decorados, mientras obliga a sus dos padres a trabajar lejos de casa para subsistir en un modelo de vida asfixiante, de haber pasado del concepto de “se necesita una aldea para criar un niño” a la soledad y el desamparo de 8 bebés por cuidadora, de tener unas políticas de conciliación familiar-laboral miserables, de ausencia de ayudas familiares decentes, y evidentemente de haber creado una sociedad del malestar en la que según la OMS en el 2020 la depresión será la segunda enfermedad.
15. Y por supuesto, acuso a las mujeres de no escuchar su corazón ni su instinto, de haber sacrificado a sus hijos para que el sistema los devore (porque ellas ya lo estaban), de acceder a la maternidad y parto con muy poca información y por tanto con una actitud de niñas dóciles que delegan su papel en los demás, de no luchar o exiliarse de este injusto modelo económico ni siquiera dentro del hogar, sino de dirigir la rabia y frustración (consciente o no) contra sus hijos, insensibilizándose ante su llanto y llamadas nocturnas, de obsesionarse por el adiestramiento y las normas (que en el fondo les ayudan a ellas a tener una estructura y orden y a desculpabilizarse de su abandono real), y de centrar todas sus fuerzas en aspectos externos al hogar.
Estos 15 agentes han hecho que llevemos varias décadas con una crianza impregnada del espíritu light de Herodes: subestimar la importancia de satisfacer plenamente los instintos y necesidades de la infancia, y han creado una sociedad DES-MADRADA, no amorosa, no segura de sí misma, no empática con los demás, que es la causa del estado actual de la Tierra.
Afortunadamente esta situación nunca ha sido 100% generalizada y siempre ha habido pediatras, neurólogos, ginecólogos, comadronas, psicólogos, revistas, colegios y madres y padres disidentes de la crianza oficial, que han sufrido muchas burlas, incomprensiones y zancadillas sociales, pero que han mantenido la luz encendida para todos los que venían detrás con los ojos abiertos.
Ese modelo de desapego nos ha obligado a estudiar e informarnos en profundidad (a veces más que muchos profesionales), nos han obligado a citar continuamente a la OMS, a husmear en los estudios antropológicos, a entender el efecto del cortisol y la alteración de la amígdala, a comparar diferentes culturas, a conocer las ayudas de maternidad del norte de Europa, etc. Pero nos han hecho fuertes.
Y por ello, ha llegado la hora de dejar de justificar la crianza mamífera como preferencia caprichosa personal, y de trasmitir que es la única salida posible para el planeta. Y podemos gritar con orgullo que las evidencias científicas, el instinto, la historia del mundo, el corazón y la Ética están de nuestro lado.
Estamos en un NUEVO PARADIGMA que es el de la maternidad consciente, vocacional y amorosa en total consonancia con otras transformaciones sociales: alimentación más sana, respeto y preocupación por el medio ambiente, auge de las medicinas naturales y alternativas, energías verdes, nuevas formas de espiritualidad, etc.
La pregunta ahora no es qué tipo de crianza eliges, sino en qué tipo de mundo quieres vivir: en el actual de niños y padres separados, dominio de la adrenalina y la frustración, o en un mundo de oxitocina, amor, fusiones emocionales y bienestar.
La Política tendrá que hacer sus deberes y subir el PIB de ayudas a familias del 1’1% actual (en España) a más del 2% que es el nivel europeo, aumentar la baja de maternidad, fomentar la creación de espacios familiares, grupos de maternidad y ayuda mutua en el cuidado para compensar el aislamiento y soledad de tantas familias en nuestra sociedad, etc.
Pero las que verdaderamente debemos cambiar el estado de cosas y la mentalidad social somos nosotras: las propias mujeres.
La mujer que gesta y trae al mundo un hijo también gesta de alguna manera la sociedad. En su embarazo, parto, lactancia prolongada y apego con su hijo se gesta la salud física, emocional del niño, su capacidad de amar, de relacionarse con el mundo, su respeto a la vida, su alegría de vivir y su dignidad. Esto es sencillamente: PODER, y, para evitar que lo tengamos, han hecho todo lo posible por desapegarnos de nuestros hijos, ya que los humanos criados de esta manera son sabios y no comulgan con un modelo de sociedad basado en tantas mentiras e injusticias."
Artículo copiado del blog maternidad continuum...
La lactancia es el acto más subversivo contra la sociedad actual: es gratuita, crea hijos sanos y felices, colmándoles el estomago, el corazón, los chakras y el alma. En la lactancia hay una parte que todavía no nos han explicado y es la LACTANCIA CUÁNTICA, la unión entre el bebé y el Universo a través de la madre. La lactancia es la alquimia de la vida y es la transmisora del conocimiento ancestral de millones de mujeres a través de una cadena energética de amor. Por ello, hay que defenderla, normalizarla y apoyar su uso como medida prioritaria.
Ahora parece que somos pocos, como una insignificante ola en medio del océano, pero seremos millones, y esa ola se convertirá en un tsunami que cuando llegue a la costa arrasará el Sistema. Los nuevos tiempos nos acompañan.
Otro mundo es imprescindible y está al alcance de la mano con tan sólo tres requisitos: oxitocina, apego y conciencia.
(lo copié de cn)
ADRIANA, 3 años
Adriana, al meterse por primera vez en una piscina en la que hacía pie, exclamó: «¡Hala, esta piscina sí que tiene suelo!».
Alejandro, 5 años
Alejandro todos los días le quitaba dinero a su padre de la cartera. Un día su padre le pilló y le preguntó: «¿Qué haces? ¿Me estás robando?». Alejandro le respondió: «No lo estoy robando, me lo estoy encontrando».
Manu, 7 años
El padre de Manu le hizo una sopa para cenar y le dijo:«Cómetelo, que está muy rico». El niño tomó dos cucharadas y le contestó: «Papi, tú y yo tenemos gustos distintos».
Juana, 5 años
Un día Juana intentaba ponerse las zapatillas sola, y le preguntó a su madre: «¿Ésta en qué pie va?». Su madre le contestó: «En éste». Y la niña dijo: «Vale. ¡El otro no me lo digas!»..
Mario, 4 años
Mario estaba hablando un día con su madre sobre lo que quería ser de mayor. Su madre le preguntó: «¿Cómo te gustaría trabajar: de pie, como tu tío Javi, o sentado, como Jordi?». Mario, viendo a su abuelo en el sofá, dijo: «Tumbado, como el yayo».
Leo, 5 años
Leo, un día que estaba muy enfadado porque su madre no le hacía caso, le dijo: «¡Yo nací de tu barriga, sé todo lo que piensas!».
Eloi, 5 años
A Eloi lo estaba cuidando una amiga de sus padres. Cuando iban hacia casa, ella le preguntó: «Eloi, ¿tienes frío?». Y él le contestó: «No tengo ni frío ni calor, estoy del tiempo».
Jairo 3 años
Un día dijo Jairo: 'Cuando sea mayor, si tengo bigote, me llamaré Paco'
Carlota 5 años
Los padres de Carlota se fueron a China de vacaciones, así que ella se quedó con su abuela. Cuando volvieron, lo primero que dijo Carlota nada más verlos fue: 'Ahora tenéis que tener otro niño, y así, en el siguiente viaje, nos vamos los tres y el pequeño es el que se queda con la abuela'
Hugo 4 años
Hugo preguntó a su madre: 'Mamá, ¿cómo salí de tu barriga?'. Y su madre le respondió: 'Pues primero salió la cabeza, después los hombros, luego el cuerpo y al final las piernas'. Y dijo Hugo, asustado: 'Mamá, ¿pero es que salí destrozado?'
Marta 4 años
Marta había oído hablar a su hermano mayor de que el hombre venía del mono, así que le preguntó a su madre: 'Tú, mamá, cuando eras mono.. ¿ya llevabas gafas?'
Tomás 6 años
Un día Tomás le preguntó a su madre: 'Si quieres ser torero, ¿el toro hay que llevarlo o te lo dan allí?'
Nacho 6 años
Una mañana, cuando su madre lo despertó para ir al cole, le dijo Nacho: 'No quiero ir más al colegio. Bórrame'. La madre le contestó: 'Pero si ya no te puedo borrar, tienes que ir todos los días'. Nacho, con cara de asombro,
preguntó: '¿Es que me habéis apuntado con boli?'
Manuel 3 años
En la escuela infantil a la que va Manuel también hay bebés. Un día estaba mirando cómo uno de 10 meses pasaba las páginas de un cuento mientras balbuceaba sin parar, y le dijo a su profesora: 'No me gusta nada cuando lee en inglés'
Alan 3 años
Alan iba con su madre en el metro de Barcelona cuando subió un chico negro. Alan miró a su madre y le dijo emocionado: 'Mira, mamá, ¿quién es?'. Su madre le contestó 'No sé, Alan'. Pero él insistió: 'Que sí, mamá, ¿quién es?'. Alan, al ver que su madre no contestaba, le dijo gritando: '¡¡Mamá!! ¡¡¡Eto'o!!!'
Marta 3 años
Una noche, mientras todos dormían, Marta se acercó a la cama de su madre y le dijo: 'Mamá, mamá he hecho pipi, pero no he tirado de la cadena para no despertarte, ¿vale?'
Claudia 4 años
El padre de Claudia se agachó para atarle los zapatos, y la niña, al verle la coronilla sin pelo, exclamó alucinada: '¡Papá, tienes carne en la cabeza!'
Daniel 5 años
Daniel estaba demostrándole a su madre que ya sabía deletrear palabras, como 'veterinario', así que empezó a decir: 'B, e, t'.. Su madre le corrigió: 'No, Daniel, B no, V'. Y el niño respondió'¡Sí, hombre, uveterinario va a ser!'
Isaac 4 años
Isaac iba corriendo, tropezó con su hermanita y la tiró al suelo. Su madre le dijo: 'Isaac, ¿qué le tienes que decir a tu hermana?'. E Isaac respondió: 'Que se aparte'
David 5 años
Un día les dijo a sus padres: 'Y vosotros, cuando yo tenga novia, ¿dónde vais a vivir?'
Mitología de la cesárea (desde el útero al infierno y vuelta al mundo)
Desde que empezó a interesarme el tema, el parto ha pasado de ser básicamente una expresión activa de las mujeres a ser un acto médico mediante el cual se extrae al bebé. Cuando tuve mi primer hijo, la tasa de nacimientos por vía abdominal no superaba el 10%. A finales de los noventa, la tasa de cesáreas oscilaba entre el 20 y el 40%, dependiendo de si el hospital realiza docencia o no. Si es un hospital docente, la tasa de cesáreas suele ser más alta. ¿Qué es lo que estamos enseñando?
Mi reacción inicial al comprobar como se robaba el nacimiento a las familias para dárselo a los expertos fue la rabia, la indignación, y el enfado que me llevaron a querer hacer algo sobre la epidemia de cesáreas. Mezclada con estos sentimientos estaba mi creencia de que todo en esta tierra sirve para el crecimiento de las almas, todo, incluido las cesáreas. En mi deseo de cambiar la manera en que se hacían las cosas, estaba permitiendo que el problema siguiera igual. A nadie, y menos a una cultura, le gusta que le cambien desde fuera. A mi no me gusta nada que alguien intente cambiarme, y a los médicos tampoco les gusta que yo pretenda cambiar la obstetricia. De hecho, creo que la única persona a la que le gustan que le cambien es al bebé cuando tiene el pañal sucio.
No, antes de que yo pretenda cambiar a nadie, hay una pregunta que deberíamos hacernos. La pregunta es ¿de que puede servir el que haya una epidemia de cesáreas? La cesárea le sirve al alma del mundo de la siguiente forma. Las madres a las que se les hace una cesárea incian un viaje mítico. Para explicar este mito, o la dimensión transpersonal de la cesárea, os voy a contar una vieja historia. De hecho es un relato de la Antigua Babilonia. Cuando escuché esta leyenda, enseguida lo relacioné con la experencia psicológica de las mujeres que han tenido una cesárea. Escuchar el relato del descenso de Inanna a los Infiernos nos recuerda la dinámica emocional de las mujeres que han sufrido una cesárea. Podemos entender desde una perspectiva más amplia como puede cambiar el mundo a traves del viaje que realizan las mujeres en el parto, sea por el camino fácil o difícil, y ver el camino para la recuperación. Lo más fascinante del mito es como nos permite ampliar nuestra comprensión y que esta perspectiva siga creciendo. Bajo la luz del mito de Inanna, podemos transformar la epidemia de cesáreas de algo puramente misógino en otra oportunidad que tienen las mujeres de profundizar en su alma y convertirse en sanadoras.
A Inanna se le pide que abandone el mundo y descienda a los infiernos. Cada vez que atraviesa una puerta en su descenso debe hacer una ofrenda. En las primeras puertas se quita sus objetos externos: las joyas, la corona, el velo, la gargantilla. Conforme desciende pierde su vestido, sus medias, su ropa interior, se quita todo. Debe ir más allá aun para poder descender en la profundidad. Se arranca entonces la piel, los músculos, las vísceras, hasta que sólo quedan sus huesos que son colgados en el rincón más remoto del infierno. He aquí Inanna, la Reina del Cielo, reducida a un saco de huesos en lo más bajo del infierno. Esta historia encierra un misterio central: sólo cuando la Reina de la Muerte da a luz en el infierno se permite que Inanna inicie su viaje de regreso. Se pone sus vísceras, sus músculos, su piel. Luego viste su nuevo cuerpo con sus prendas, su vestido, su gargantilla, su velo, su corona y sus joyas. Cuando emerge del infierno lo hace con un cuerpo renovado espiritualmente y radiante por haber viajado a la profundidad. Ahora es en verdad la Reina del Cielo, por que ha conocido y trascendido el infierno.
Cuando una madre es convencida o incluso obligada a someterse a una cesárea se convierte en una ofrenda de sacrificio igual que Inanna: debe descender por debajo del nivel egoico de consciencia al lugar donde el mundo terrenal deja paso al alma. Es una víctima en el sentido original de la palabra, sacrificandose a si misma por el bien de su hijo. Al menos esa es la historia que les cuentan a muchas madres que han tenido cesáreas, sea cierto o no (lo de que la cesárea salvó la vida de sus bebes). La madre ofrecerá su cuerpo, su mente y su alma al sacerdote/médico en el altar de la obstetricia si esto puede ayudar a su bebé. La anestesia alterará su nivel de consciencia, su alma viajará por el subconsciente. Será desnudada, su piel, sus músculos, sus vísceras serán manipuladas para que de a luz por cesárea. Una vez que despierte podrá reclamar un nuevo cuerpo espiritual, una vez, claro está que haya integrado el namiciento y comprendido de que le sirvió a su alma el que su hijo naciera por cesárea.
Cuando las madres que se preguntan "¿de que sirve la cesárea?" se queden sin respuestas, tendremos la oportunidad real de curar la epidemia. Sino, estamos intentando cambiar el sistema desde fuera. Mi impresión es que cuando las madres dejen de verse como víctimas y empiezan a verse como anadoras, o chamanes, habrá menos cesáreas en la comunidad. Si por el contrario siguen sientiendose heridas, culpables, avergonzadas de su experiencia en el parto, serán menos efectivas para cambiar la manera en que nuestra cultura da a luz.
Cuando una madre que ha sido abierta empieza a sentir que su cesárea fue un viaje iniciático y se permite explorar los aspectos más profundos de la curación se libera una cantidad enorme de energía psíquica. Reprimir o negar el trauma requiere muchísima energía pero una vez que la experiencia se integra (es decir, se siente, se expresa y se libera) toda la energía que antes se utilizaba para defenderse se libera para la acción creativa. Una madre que se sienta bendecida, incluso si ella nunca habría pedido de manera voluntaria la "bendición" de la cesárea ni volvería a pasar por ella, es más efectiva para educar a las demás, que una madre que se siente culpable y herida. Cuando Inanna emerge, lo hace radiante por su viaje a la oscuridad.
Comparto este mito del descenso de Inanna porque es un arquetipo inusual de madre: la que se ha
enfrentado a la Muerte en el Parto y ha salido indemne. Las madres que dan a luz de manera natural conocen ese sentimiento de pelear con la Muerte por el alma del bebé que tiene que nacer, las madres que sufren la cesárea conocen algo de la sombra del alma que una vez que se hace consciente servirá de matrona y de guía para todas las mujeres en el parto. Cuando una mujer da a luz conscientemente a menudo exclama: "Ahora sé que puedo hacer cualquier cosa". En ese glorioso momento, la mujer defiende su derecho pertenencia por el parto a la nueva especie de la evolución -el Homo Divinus- la de los humanos que son dueños de su propia experiencia. Cuando la mitad femenina de la humanidad recuerde esto, no me imagino como será el mundo. Si no se nos maltrata a las madres en nuestro momento más esencial de creatividad, y si incluso cuando la cesárea es necesaria la madre vive la cirugía como un viaje del alma, se alcanzará el equilibrio. Sin víctimas, sin opresores. Sin opresores, sin víctimas. En la historia de Inanna queda claro que ella eligió bajar a los infiernos, de la misma manera que las madres aceptan su destino en el parto: sin victimizar a la Diosa en este milenio.
Así es como yo veo a las madres: todas son diferentes rostros de la Diosa. El rostro de Inanna me ha saludado cada vez con más frecuencia en numerosos nacimientos de la últimas generaciones. Tiene un rostro firme, fuerte, y las huellas de su sufrimiento y su alegría se reflejan alrededor de su ojos y de su labios. Habla apasionadamente, como la lava su mensaje que fluye más allá de sus palabras y el sonido de su voz es pura calidez. Nunca cesa de percibir, ella capta las ideas de aquí y de allá para alimentar el futuro. Gracias a su viaje conoce bien la oscuridad, está acostumbrada a los matices, a las sombras y la penumbra, a las claves para ver más allá. El rostro de Inanna siempre me invita a profundizar, a ir más lejos. Ella ilumina los pasadizos más dificiles, y nos enseña a atravesar cada uno de ellos de la mejor manera. Frente a frente con Inanna, veo a las madres del mundo entero, practicamente siempre pariendo de manera natural, porque las cesáreas ya no le servirán al mundo. De esto nos sirve ir al infierno y regresar, para aclarar el camino a las proximas generaciones de manera que el nacimiento pueda iluminar los rostros antiguos y nuevos de la Diosa.
Dedicado a Janice, sanadora extraordinaria. 10 de Enero de 1997
Copyright © Jeannine Parvati Baker
Traducción de Ibone Olza